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Los viajes internacionales diseminan cepas de superbacterias resistentes

Incluso antes de la pandemia de COVID-19, sabíamos que los viajes internacionales contribuían al rápido aumento y la propagación de la resistencia a los antimicrobianos a nivel mundial.

Una nueva investigación de la Facultad de Medicina de la Universidad de Washington en San Luis (Estados Unidos) ha advertido de que los viajes internacionales pueden transportar nuevas y potencialmente peligrosas cepas de superbacterias resistentes a los antimicrobianos.

Han encontrado numerosos genes completamente nuevos asociados a la resistencia a los antimicrobianos que sugieren un problema preocupante en el horizonte, explica Alaric D’Souza, uno de los responsables del estudio, que se ha publicado en la revista ‘Genome Medicine’.

La investigación confirma que los viajeros internacionales a menudo regresan a casa con una inesperada abundancia de nuevas cepas bacterianas que compiten por su posición entre las miles que normalmente residen en el microbioma intestinal.

Condiciones que favorecen enfermedades bacerianas

La pobreza, las malas condiciones de salubridad y los cambios en las prácticas agrícolas han convertido a muchas regiones en desarrollo de bajos ingresos en focos de enfermedades propagadas por bacterias, incluidas las infecciones que son cada vez más resistentes a una serie de tratamientos farmacológicos con antibióticos.

Las altas densidades de población facilitan el contagio de estas bacterias entre los residentes de la comunidad y los viajeros a través de la exposición al agua potable y los alimentos contaminados, o a los baños, restaurantes, habitaciones de hotel y transportes públicos mal higienizados. De vuelta a casa, los viajeros corren el riesgo de transferir estas nuevas bacterias a familiares, amigos y otros residentes de la comunidad.

Estudio de muestras fecales

La investigación, realizada en colaboración con la Universidad de Maastricht (Países Bajos), consistió en analizar las comunidades bacterianas de los microbiomas intestinales de 190 adultos holandeses antes y después de viajar a una de las cuatro regiones internacionales en las que la prevalencia de genes de resistencia es elevada: el sudeste asiático, el sur de Asia, el norte de África y el este de África.

Las muestras fecales analizadas en el marco del estudio se seleccionaron de forma aleatoria de una investigación más amplia y multicéntrica de unos 2.000 viajeros holandeses, la mayoría de los cuales eran turistas, conocida como estudio Carriage Of Multi-resistant Bacteria After Travel (COMBAT).

“Encontramos aumentos significativos relacionados con los viajes en la adquisición de genes de resistencia, abundancia y diversidad codificados por bacterias endémicas de la región visitada. Estos hallazgos proporcionan un fuerte apoyo a los viajes internacionales como un vector para la propagación global de genes de resistencia a los antimicrobianos clínicamente importantes y destacan la necesidad de una vigilancia más amplia de las bacterias resistentes a los antimicrobianos en los microbiomas intestinales de los viajeros que regresan”, argumenta D’Souza.

En total, los investigadores detectaron 121 genes de resistencia a los antimicrobianos en los microbiomas intestinales de los 190 viajeros holandeses. Más del 40 por ciento de estos genes de resistencia (51 de ellos) solo se descubrieron utilizando la técnica metagenómica, más sensible, lo que sugiere que los genes potencialmente peligrosos están siendo pasados por alto por los enfoques más convencionales.

Resistencia antimicrobiana

Igualmente preocupantes fueron los resultados del estudio, que confirmaron que 56 genes únicos de resistencia a los antimicrobianos habían pasado a formar parte del microbioma intestinal de los viajeros durante sus viajes al extranjero, incluidos varios genes de resistencia móviles y de alto riesgo, como las B-lactamasas de espectro extendido (ESBL) y el gen de resistencia a la colistina transmitido por un plásmido, mcr-1.

La resistencia a los antibióticos betalactámicos está surgiendo en todo el mundo y confiere una amplia resistencia al tratamiento con penicilinas y otros antibióticos importantes.

Los genes mcr-1 protegen a las bacterias de otro fármaco antimicrobiano llamado colistina, que es el tratamiento de último recurso para las infecciones por bacterias gramnegativas multirresistentes. Si la resistencia a la colistina se extiende a las bacterias resistentes a otros antibióticos, éstas podrían causar infecciones verdaderamente intratables.

Mientras que las bacterias pueden desarrollar lentamente la resistencia a partir de la exposición repetida a los antibióticos a lo largo del tiempo, las diversas comunidades bacterianas también comparten genes de resistencia a los antimicrobianos a través de un proceso más rápido conocido como transferencia horizontal, generalmente a través del intercambio de elementos genéticos móviles que permiten que fragmentos de ADN salten de una bacteria a otra.

-El medico interactivo