Campeche

Conmemoran solemnidad de la Resurrección del Señor

En medio de la fe y gran alegría feligreses celebraron la solemnidad de la Resurrección del Señor, ayer domingo durante la misa del Primer Domingo de Pascua presidida por monseñor José Francisco González González, desde la Catedral de Campeche.

Tras la bienvenida a la feligresía, el Obispo de Campeche convocó a disponerse a celebrar el gozo de la victoria de Cristo sobre la muerte, el pecado y su gloriosa resurrección, con la cual alcanza la vida plena y eterna a la humanidad, y posteriormente los convoca a renovar sus promesas bautismales, mientras les bendijo con agua bendita.

En su homilía, inspirada en la lectura del Evangelio según San Juan, que relata el momento en que de madrugada María Magdalena acude al sepulcro para perfumar el cuerpo de Jesús y se da cuenta que la piedra ha sido removida y al no encontrarle da aviso a Simón Pedro, quien al constatar lo dicho por la mujer, ambos creen que alguien lo había han robado.

“Llegó Simón Pedro y entró en el sepulcro: vio las vendas en el suelo y también el sudario que había cubierto su cabeza; este no estaba con las vendas sino enrollado en un lugar aparte. Luego entró el otro discípulo, que había llegado al sepulcro: él también vio y creyó. Todavía no habían comprendido que, según la Escritura, Él debía resucitar de entre los muertos”.

En su mensaje por la solemnidad de la Resurrección del Señor, monseñor José Francisco llamó a ser parte de la alegría de Jesús vivo.

“Hoy nos alegramos por esa noticia. De una manera muy particular, el Movimiento de Pascua recalca: ¡Cristo ha resucitado! ¡Jesús vive! Jesús muerto en la cruz, ha resucitado y vive glorioso, porque ha derrotado el poder de la muerte. Con su obediencia extrema al Padre, Jesús nos ha abierto la comunicación con la vida de Dios y para que podamos estar en Dios. Esa es la victoria de la pascua, que hoy gozosamente celebramos. La pascua es la vivencia de la alegría, porque Jesús no se quedó en el sepulcro; su cuerpo no experimentó la corrupción. Él es el principio y el fin, el ayer, hoy y siempre. No obstante, la enfermedad, la limitación, el fracaso, la muerte, la Pascua de Cristo nos anticipa la victoria final. La fe en Cristo crucificado y resucitado es el corazón de todo el mensaje evangélico, el núcleo central de nuestro Credo”, recalcó.

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