Internacional

Es tiempo de regresar a Dios: Papa Francisco

En su homilía del Miércoles de Ceniza, el Santo Padre recordó que en esta Cuaresma es tiempo de dejar de lado las excusas y regresar a Dios

“En la vida tendremos siempre cosas que hacer y tendremos excusas para dar, pero, hermanos y hermanas, hoy es el tiempo de regresar a Dios”. Con estas palabras, el Papa Francisco llamó a los fieles a aprovechar esta Cuaresma para reconciliarnos con el Señor.

El Papa Francisco celebró esta mañana la Santa Misa del Miércoles de Ceniza en la Basílica de san Pedro del Vaticano, que marca el inicio de la Cuaresma. En su homilía, recordó que este tiempo es de conversión.

“La ceniza sobre la cabeza nos recuerda que somos polvo y al polvo volveremos. Pero sobre este polvo nuestro Dios ha infundido su Espíritu de vida. Entonces, no podemos vivir persiguiendo el polvo, detrás de cosas que hoy están y mañana desaparecen.

“Volvamos al Espíritu, Dador de vida, volvemos al Fuego que hace resurgir nuestras cenizas, a ese Fuego que nos enseña a amar”.

Papa Francisco presidió la Misa por el Miércoles de Ceniza 2021. Foto: Vatican Media.

Papa Francisco presidió la Misa por el Miércoles de Ceniza 2021. Foto: Vatican Media.

Para realizar ese viaje de regreso al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo, el Papa Francisco nos ofrece una serie de preguntas que debemos hacernos para saber hacia dónde está orientado nuestro corazón de cara a la Cuaresma:

  1. ¿Hacia dónde me lleva el navegador de mi vida, hacia Dios o hacia mi yo?
  2. ¿Vivo para agradar al Señor, o para ser visto, alabado, preferido, puesto en el primer lugar y así sucesivamente?
  3. ¿Tengo un corazón “bailarín”, que da un paso hacia adelante y uno hacia atrás, ama un poco al Señor y un poco al mundo, o un corazón firme en Dios?
  4. ¿Me siento a gusto con mis hipocresías, o lucho por liberar el corazón de la doblez y la falsedad que lo encadenan?

El Papa aseguró que, para no perder la dirección en este camino de regreso a Dios, debemos ponernos ante la Cruz de Jesús.

“Precisamente allí vemos que Dios no nos señala con el dedo, sino que abre los brazos de par en par. Sus llagas están abiertas por nosotros y en esas heridas hemos sido sanados.

“Besémoslas y entenderemos que justamente ahí, en los vacíos más dolorosos de la vida, Dios nos espera con su misericordia infinita. Porque allí, donde somos más vulnerables, donde más nos avergonzamos, Él viene a nuestro encuentro. Y ahora que ha venido a nuestro encuentro, nos invita a regresar a Él, para volver a encontrar la alegría de ser amados”, finalizó.