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El Monte Tláloc es uno de los montes-templo con más significado en los rituales prehispánicos en México.

El Monte Tláloc es un volcán inactivo que se encuentra entre los municipios de Ixtapaluca y Texcoco, en el Estado de México, en el que se pueden ver elementos que en tiempos prehispánicos fueron de gran importancia para los habitantes de ese territorio.

Pero, ¿qué son esos vestigios históricos que hacen del Monte Tláloc tan especial para la preservación cultural e histórica y, a la vez, un lugar que todo mexicano y extranjero debería conocer alguna vez?

Según información de Península a Península, en este monte se encontró un centro ceremonial construido por la Triple Alianza—el conjunto de civilizaciones más poderosas de Mesoamérica conformada por Texcoco, Tlacopan y Tenochtitlán—de 4,600 metros cuadrados dedicados al trueno y la lluvia.

La adoración y devoción hacia el Monte Tláloc, convertido en una montaña sagrada, llegó después de que sirviera para proveer (hasta la fecha) a los poblados del Valle con los ríos y manantiales que brotaban del lugar, convirtiéndose en uno de los espacios especiales donde la creencia hacia los dioses por parte de la población prehispánica era más fuerte.

Según el Instituto Nacional de Antropología e Historia, los rituales que se llevaban a cabo en el Monte Tláloc eran para tener buenas cosechas y poder llevar una buena relación con la naturaleza. También funcionaba como observatorio astronómico.

Se han encontrado diversos petrograbados de animales acuáticos o anfibios como lo son tortugas, serpientes, lagartos y ranas que sirven como evidencias arqueológicas sobre lo que existió en el lugar que se encuentra a 4,125 metros de altura en la Sierra Nevada.

Este monte, según las palabras del maestro Víctor Arribalzaga de la Dirección de Estudios Arqueológicos del INAH, fue el espacio donde se encontraba el centro ceremonial más grande que haya sido construido por el Imperio Mexica, aunque ahora solo queden los cimientos. El paisaje circundante también fue modificado, ya que este lugar era considerado como “el Tlalocan”—el paraíso de Tláloc—.
Visitar el Monte Tláloc

Sí después de saber todos estos datos, alguien quiere ir a visitar este lugar tan característico de las civilizaciones de la época prehispánica de México puede hacerlo por cuenta propia o si se busca en internet se encontrarán indicaciones de personas que hacen visitas guiadas.

Una de las actividades más relevantes en el Monte Tláloc es ver el amanecer sobre el Pico de Orizaba, a principios de febrero (entre los días 8 y 12); en el sexto día (13 de febrero), el sol vuelve a salir al pie de la montaña como lo hace durante los demás días del año.

Normalmente se puede tener una vista muy clara del Popocatépetl, Iztaccíhuatl y el Pico de Orizaba y a lo largo del recorrido se pueden observar las piedras míticas que fueron hechas por los hombres con la forma de un sapo, una tortuga y un cocodrilo, elementos que le permiten al turista dimensionar la importancia que tenía este lugar para los habitantes prehispánicos.