Espectáculos

Festival de San Sebastián

La 68 edición del Festival de San Sebastián comenzó el pasado viernes con unos protocolos de seguridad estrictos y sin muchas estrellas por la pandemia del Covid-19.

Las vallas publicitarias adelantan que esta semana de la La 68 edición del Festival Internacional de Cine de San Sebastián será diferente, La alfombra roja aunque este año no haya desfile está presente porque no hay que perder el glamur.

Será un año sin muchas estrellas, vaticinaron. Nadie quiere viajar por el coronavirus y, sin alfombra roja, tampoco tiene mucho sentido. Algunas entrevistas y ruedas de prensa se harán a través de Zoom desde la comodidad —o incomodidad, depende de lo que se haya conseguido.

José Luis Rebordinos, director del festival.

Entre entrevista y recepción, José Luis Rebordinos, director del festival descansa en los alrededores del hotel emblema del ‘star system’ de Zinemaldia, inaugurado en 1912 y con una historia de huéspedes donde caben desde Trotsky hasta Mata Hari y próximamente, Johnny Depp. No se había anunciado hasta el jueves, por aquello de una posible cancelación de última hora, pero seguro que la presencia de Depp no disuade al ‘fandom’ ni a pesar de la pandemia ni del pronóstico del tiempo.

El actor llega a Donosti en calidad de productor del documental ‘Crock of Gold’, dirigido por Julian Temple y que lleva a la pantalla la vida y obra del poeta irlandés Shane McGowan, primer cantante de The Pogues. Otro actor generacional, aunque quizá no para los ‘millennials’ de a pie, competirá por los ‘flashes’ con Depp: Matt Dillon también visitará el San Sebastián más extraño, esta vez como director de otro documental musical, centrado en la figura del cantante cubano Francisco Fellove.

Pero ni Dillon ni Depp se pasearán por los soportales del Museo San Telmo en la fiesta de inauguración habitual. No habrá San Telmo, ni Bataplán ni sala Gu. No habrá cábalas nocturnas, cervezas, ni comidas a destiempo en los bares de ‘pintxos’ atestados de acreditaciones colgantes. La terraza del Londres, vacía. Al igual que el minibar. El festival se ha quedado en lo magro.

En los puestos de información, mascarilla, gel y distancia al igual que en la sala de cine, mascarilla, gel y distancia.  Pero no deja de invadirnos una melancolía anticipada al imaginar una edición cuyo recuerdo será un álbum fotográfico con caras mutiladas (por el uso de mascarillas).  

Cuenta José Luis Rebordinos, director del festival, orgulloso, que a pesar de todo este año hay buena cantidad de joyas del cine, Pero lo más importante, incluso más que la selección, es la propia existencia. Sentir que no todo es el coronavirus, que habrá un después y que hay un además. Con cuidado, con medidas, pero hay que reivindicar la normalidad más allá del miedo. Sentir que existimos al margen de aquello que lo ha ocupado y lo ha contaminado todo. Que habremos aprendido algo que 22 no será un año vacío.