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El éxodo venezolano se acelera ante la jura de Nicolás Maduro, el 10 de enero.

“¡Queremos pasaportes! ¡queremos pasaportes!”. El grito de desesperación lo entonaron esta Navidad decenas y decenas de venezolanos en Caracas, a las puertas del organismo público encargado de tramitar e imprimir la documentación legal para abandonar el país.

El rugido de los que quieren viajar no es para menos: en el último año el gobierno expidió un número mínimo de pasaportes, tras muchos meses de espera por falta de material. Una parte de los que sí lo lograron pagaron precios siderales forzados por la corrupción: hasta 2.500 dólares, en billetes americanos y no en bolívares soberanos, según las denuncias efectuadas por medios locales.

Todos los que gritaban buscaban una salida inmediata a una cruel crisis social y económica cuyo fondo no se vislumbra.

“En mi casa la situación ha bajado mucho, por eso voy a emigrar, para dar calidad de vida a mi padre, a mi pareja y a la familia de mi pareja. Voy para Oporto, para tener las cosas que tanto anhelo y un hogar. Sé que no es fácil, mi esperanza es salir adelante y cumplir mis sueños”, resume Ramalho, quien pese a disponer de dos vehículos no los puede mantener ni rentabilizar porque le faltan neumáticos y baterías.

Una estadística tras otra que solo resta para el futuro nacional: el informe de Gallup sobre el Índice de Migración Potencial calcula que Venezuela perderá el 42% de su población joven si se mantiene el ritmo actual de la diáspora.

Agentes de viajes y activistas en la frontera vaticinan que desde hoy se incrementará la fuga, olvidadas las fiestas de Año Nuevo. Incluso se abren nuevos comedores para atender a los viajeros. “Nuestro pronóstico es que desde mañana [por hoy] se va a triplicar la llegada de los paisanos, por eso nos estamos preparando nosotros y también la Iglesia, con monseñor Víctor Ochoa, enviado del Vaticano, al frente”, avizora Eduardo Espinel, director de la Fundación Venezolanos en Cúcuta.

La capital del Norte de Santander, la más importante en el lado colombiano, ha vivido una Navidad pletórica gracias a las compras masivas de los venezolanos que viajan hasta allí, cada uno como puede, y que ha significado el aumento del 35% de las ventas respecto al año pasado.

“La última oleada es la del empobrecimiento, indetenible mientras se mantengan las razones que originan el gran éxodo”, resume el sociólogo Tomás Páez. En Ureña, San Antonio y Boca de Grita, tres puntos fronterizos entre Táchira y Norte de Santander, se ha vivido esta semana una especie de calma que precede a la tormenta.

Todos allí saben que las últimas cifras proporcionadas por Nicolás Maduro no son verdad. El primer mandatario aseguró que los emigrados al Cono Sur “lo hicieron llevando los unos, 10.000 dólares; los otros, 20.000 dólares, incluso cantidades mayores”. El primer mndatario mantiene, contra viento y marea, que la “emigración masiva es una patraña”.