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Los naufragios invisibles del Mediterráneo

Desde el pasado 26 de agosto no hay barcos de rescate frente a las costas de Libia. Eso se traduce en dos consecuencias: que no hay nadie para evitar naufragios y que tampoco hay nadie para contar a los muertos. La primera cuestión, de carácter humanitario, se ha puesto muy difícil por culpa de la presión de los gobiernos italiano y maltés, que impiden desde el verano desembarcar a inmigrantes rescatados en el mar en sus puertos, los más cercanos a la zona ante la pasividad de la UE.

 

 

La segunda, de carácter casi notarial, demuestra que los muertos que se ofrecen en las cifras oficiales no coinciden con la realidad. Hay embarcaciones que se hunden en el silencio del Mediterráneo con cientos de personas. Para estos no quedará ni el consuelo de engordar la estadística.

 

 

El problema es que la Guardia Costera libia no informó de ese doble naufragio ni de ningún otro a organismo internacional alguno.